La última tendencia en alojamientos: el glamping

Podíamos pensar que en cuestiones de alojamientos estaba todo inventado. De hecho, en las últimas décadas hemos visto como los tradicionales hoteles, más o menos lujosos, daban paso a otras formas de hospedaje.

Se han ofrecido desde habitaciones en cabinas de grúas a minicabañas en lagos con habitaciones sumergidas; desde cuevas reconvertidas en establecimientos casi de lujo a antiguos vagones de tren trasformados en encantadores espacios; desde cabinas prefabricadas colgadas de precipicios a habitaciones de hotel que son exactamente iguales a la jaula de nuestro hámster para sentirse como él.

Pero no, no estaba todo inventado. La imaginación humana parece no tener límites y en los últimos tiempos se ha acuñado un término que empieza a hacerse familiar: el glamping. ¿Y qué es? La palabra deriva de glamour y camping. Dos términos que aparentemente nada tienen que ver, pero que en este caso se mezclan para dar vida a una nueva forma de alojarse.

Vamos a verlo con algunos ejemplos. Evidentemente, una tienda de campaña tiene bastante poco de glamour. Pero, si es en realidad una jaima que parece sacada del cuento de Las mil y una noches, con una decoración exquisita, una cómoda cama y mobiliario digno de un jeque; y si está además está situada en un entorno idílico, la cosa cambia, y mucho. Nada de incómodos sacos de dormir, ni de comer sentado en el suelo. Es acampar, sí, pero con estilo.

Otro ejemplo muy de moda: las viejas cabañas campestres trasformadas en pequeñas y lujosas estancias en las copas de árboles. Con todas las comodidades, por supuesto, y con unas vistas magníficas. Algunas incluso pueden disponer de lujosos baños y comodísimos sillones para no querer moverse por nada del mundo.

Desde luego, el turismo campestre ya no es lo que era. Cierto es que el glamping proporciona muchas más comodidades, pero también lo es que se pierde algo de la aventura que supone la acampada tal y como se ha hecho toda la vida.

Las ciudades con más glamour

Existen ciudades divertidas, hermosas, con infinidad de eventos culturales, perfectas para disfrutar del ocio…y existen ciudades donde el glamour lo es todo, donde la elegancia y la moda impregna cada rincón. Algunas son de sobra reconocidas, otras tal vez te sorprendan, vamos a conocerlas.

Si hablamos de ciudades con glamour, por supuesto, las primeras de la lista serán siempre París, Milán y Nueva York. Ciudades de moda y alta costura, de elegancia y lujo, de buen gusto, famosas marcas de costura y grandes diseñadores. Sus pasarelas son citas ineludibles para los amantes de la moda y sus calles comerciales un gran escaparate, un reclamo turístico para miles de personas que a ellas llegan atraídas por ese glamour que destilan.

Detrás de este triángulo queda Londres. Otra capital de la moda, con magníficas escuelas de diseño de las que han salido auténticos genios. De Los Ángeles habría que destacar que es sede de reconocidas marcas, de ahí que también haya aparecido en las listas de ciudades más glamurosas del planeta. Listas en las que también se nombra a Madrid y Barcelona, con sus reconocidas pasarelas. Y, por supuesto, no olvidan nombrar a Roma y también a Tokio y San Francisco.

Pero no siempre el glamour está relacionado con la moda. Hay ciudades donde se respira en el ambiente. Ciudades que nos envuelven en una atmósfera especial, elegante y lujosa. Ciudades como Saint-Tropez, Montecarlo, Niza o Cannes. Y, mucho más exóticas que la Costa Azul o la Riviera francesa, pero también con un toque diferente, son Dubái, Shangai o Singapur.

Evidentemente, solo unos pocos afortunados pueden disfrutar de todo lo que ofrecen estas ciudades, desde sus desfiles de moda a sus lujosos hoteles, pasando por sus casinos o sus puertos deportivos. Pero también es cierto que el más común de los mortales siempre puede disfrutar mirando y soñando. Para lo primero solo hace falta un billete de avión y un alojamiento barato. Lo segundo, como todos sabemos, es gratis ¿Por qué no disfrutar entonces de estas ciudades llenas de glamour?

 

Los Simpson: la historia interminable

Si hay una serie longeva en televisión, son los Simpson. Ya hay una generación que ha crecido con ella, con las peripecias de la familia menos convencional y más disparatada que se pueda imaginar. Una serie de un éxito que tal vez sea imposible de igualar, teniendo en cuenta, además, que se trata de dibujos animados y que ha conseguido enganchar a niños y mayores.

Con casi treinta temporadas y más de 500 capítulos Burt Simpson sigue sin crecer y, lo que es más importante, sin cansar ni aburrir a un público fiel y absolutamente entregado. Pocos son hoy en día los que no conocen los nombres de los miembros de la familia Simpson, de sus particulares vecinos y sus a veces insoportables amigos.

Mucho más que unos simples dibujos animados, y seguramente sea ese el motivo de su enorme éxito. Toda una sátira de la sociedad estadounidense, extrapolable en muchos aspectos a cualquier otro país occidental. Una serie con humor y mucha crítica, a veces despiadada, pero encubierta en peripecias que consiguen arrancar una sonrisa.

Crítica que crece y evoluciona con los tiempos, serie en la que hemos visto reflejados acontecimientos destacados de las últimas décadas y personajes relevantes de cada momento. La serie se ha ido adaptando a los cambios, pero sus personajes no han cambiado, ni en aspecto ni en espíritu.

Con semejante trayectoria, evidentemente, la serie tenía que tener innumerables premios, medio centenar solo si contamos los Emmy y los Annie. La prestigiosa revista Time llegó a decir de ella que era la mejor serie del siglo XX y tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Y son solo algunos de los reconocimientos que han alcanzado los Simpson en sus casi treinta años de existencia.

¿Habrá otros treinta? A este paso seguro que sí y que Burt Simpson consigue jubilar a muchos de sus seguidores hoy jóvenes, mientras que él, por supuesto, no envejece.

El gran final de Velvet

Ha sido una de las series españolas de mayor aceptación de los últimos tiempos. Pero Velvet se acerca a su final. Las galerías más famosas de la televisión echarán el cierre, pero lo harán por todo lo alto y dejando un recuerdo sin duda imborrable en los miles de espectadores que han seguido la serie en los últimos años.

¿Cómo acabará la historia entre Ana y Alberto? ¿Acabará realmente o conseguirán superar todos los obstáculos? Esa es la gran pregunta cuya respuesta solo se sabrá al final de la serie. Pero la última temporada seguramente consiga emocionar a muchos por otros motivos. Rita tendrá mellizos, pero cuando se someta a una prueba para confirmar o no que está de nuevo embarazada se enterará de una terrible noticia: tiene cáncer.

Por su parte, Diego Martín recibirá como herencia una buena parte de las galerías Velvet, aunque tendrá que esperar a la lectura del testamento de su padre para confirmarlo. Y, mientras tanto, Patricia anunciará su embarazo. Seguimos con más protagonistas: Blanca tendrá que aceptar su nuevo papel en el taller después de la exitosa vuelta de Ana y Emilio se hará cargo del hijo de su sobrina.

Pinceladas de una serie que desde su primera temporada enganchó al público a pesar de que su argumento, tal vez, no pareciera demasiado original a priori. Un argumento que gira en torno a la historia de amor entre Ana (Paula Echevarría), una modesta costurera, y Alberto (Miguel Ángel Silvestre), hijo del dueño de las galerías (en realidad un imperio de la moda) en las que trabaja Ana. Una historia de amor a priori imposible, pero por la que ambos lucharán. Y entre medias, toda una serie de historias paralelas, intrigas y peripecias vitales de personajes que rodean a la pareja.

Cuatro temporadas apasionantes para una serie española que ha traspasado fronteras y se ha emitido con éxito en países como Italia o Chile.

 

No respires te dejará sin aliento

Con un guion aparentemente sencillo esta película consigue que los espectadores apenas puedan moverse de la butaca y que, incluso, se queden sin respiración por momentos. Un thriller de los de antes, de los que sacan partido a un argumento aparentemente demasiado simple, en el que no hay muñecos monstruosos ni personajes futuristas. Solo cuatro personajes que consiguen crear momentos de auténtica angustia.

La película gira en torno a un golpe perfecto que acaba resultando no serlo. Un grupo de ladrones de poca monta que planean el robo en casa de un millonario ciego. Pero la víctima fácil acabará no siendo tan ingenuo ni tan inofensivo y se convertirá en el auténtico verdugo. Un hombre atormentado por la muerte de su hija, que no ha podido tocar la indemnización que recibió por ello y que la guarda como si quemara.

Los ladrones lo saben y están dispuestos a dar el golpe de su vida. Tan fácil como engañar al ciego y llevarse el botín. Pero evidentemente la cosa no podía ser sencilla y todo se tuerce hasta límites casi inimaginables. Tanto, que acabarán luchando por salvar su vida. El millonario invidente tiene el resto de sentidos tan agudizados que basta una respiración para saber dónde están los ladrones y tenderles trampas para “cazarlos”. Porque sus intenciones son tan poco honestas como las de los ladrones.

Su casa está llena de obstáculos y cerraduras. Y, para colmo, tiene un perro casi tan feroz como él. Entrar en la casa es fácil. Salir de ella no. De esta manera se vuelven los papeles y los malos acaban convirtiéndose en las víctimas de un desequilibrado mental con muy malas intenciones y peores artes, a pesar de su ceguera. Y es que maneja bien los espacios, pero aún mejor herramientas nada inofensivas para atacar a los que han osado entrar en su casa.

Cada escena es un sobresalto, lo más inverosímil parece hacerse realidad y la película acaba dejando realmente sin respiración a los espectadores.

 

 

Ángela Molina, Premio Nacional de Cinematografía 2016

Ángela Molina recibía el reconocimiento a toda una carrera en el Festival de Cine de San Sebastián. Premio Nacional de Cinematografía que recogió de las manos del ministro de Cultura en funciones, Íñigo Méndez de Vigo.

Un galardón para agradecer una larga y fructífera carrera profesional de una actriz ya galardonada en San Sebastián, concretamente en el año 1986, cuando recogió la Concha de Plata a mejor actriz por su trabajo en la Mitad del Cielo. Y no han sido sus únicos premios, en sus manos también tiene el David de Donatello a la mejor actriz, el Premio Málaga y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, que le fue otorgada en el año 2002. Y, además, ha sido nominada cinco veces a los premios Goya.

Ángela Molina debutó en el cine en 1974, en la película No matarás, aunque su despegue como actriz llegó de la mano del gran Luis Buñuel y Ese oscuro objeto de deseo. Tras ello trabajó en Francia e Italia con reconocidos directores de la talla de Manuel Gutiérrez Aragón, Jaime Chávarri, Pedro Almodóvar o Ridley Scott. En un haber, decenas de películas, algunas inolvidables, como Los abrazos rotos, Esquilache, Demonios en el jardín y La mitad del cielo.

Una larga trayectoria que la ha convertido en una de las actrices más valoradas del panorama artístico español, y también de las más queridas. Actriz versátil y polifacética que también ha tocado el teatro incluso en un género tan complicado como es el teatro clásico

Ángela Molina lleva toda la vida dedicada al cine, de hecho lleva el arte en las venas y es una parte de uno de los linajes de artistas más admirados de España. Hija del inolvidable cantante y actor Antonio Molina, la mitad de sus hermanos están también relacionados con el mundo artístico, así como su hija Olivia, con la que ha coincidido en alguno de sus trabajos.